25 noviembre 2008

Sí importa la inscripción automática

Cartas Lunes 24 de Noviembre de 2008

Jóvenes y elecciones

Señor Director:

Concuerdo con el señor Robert Izikson (carta del 21 de noviembre) en cuanto a que lo verdaderamente importante es que los políticos entusiasmen y den sentido a la participación de los jóvenes en las elecciones. Pero creo que la inscripción automática sí importa, porque junto con facilitar a los jóvenes que acudan a votar va a obligar a los candidatos a diputado, senador y Presidente que se presenten el próximo año a mejorar sus propuestas (o en algunos casos, a tenerlas) para conseguir el apoyo de los potenciales votantes que ahora serán muchos más.
Es una lástima, pero hoy le basta a un candidato (sobre todo a aquellos con varios períodos) recurrir a su "máquina electoral" para que le consiga los mismos votos de la otra vez para salir electo. Además puede prescindir de incorporar los intereses juveniles, ya que la mayoría de los votantes no son de ese grupo etario. Con la inscripción automática, esto no será tan fácil, pues habrá que convencer a mucha más gente y para eso habrá que tener buenas propuestas y ampliar los temas.
Considero también que no hay que esperar a que aparezcan políticos que nos "reencanten" para que los jóvenes nos movilicemos, la tarea es que los mismos jóvenes seamos capaces de organizarnos, creernos el cuento y proponer seriamente lo que queremos para nuestro país.

RODRIGO DÍAZ MADARIAGA
Movimiento por la Inscripción Automática

17 noviembre 2008

Carta a El Mercurio Lunes 17 de Noviembre

Señor Director


En carta respuesta del señor Andrés Tagle, intenta refutar mis argumentos respecto de la inscripción automática para el funcionamiento de una sana democracia. Al igual que en el documento de su autoría “¡alguien está equivocado!” que fue rechazado hasta por su alianza, insiste en que el silencio de la no inscripción lleva implícita una manifestación de la voluntad.
Difiero en el fondo y en la forma. En los menores de 30 años las tasas de no inscripción son superiores al 90% y por otra parte, de los más de 2,5 millones de personas menores de 30 años que votaron en 1989, hoy sólo son 700 mil. De esto se colige algo obvio: votan menos jóvenes que antes. El argumento más débil del señor Tagle descansa en la facilidad de la inscripción. La dificultad de conocer lugares, horas y fechas son un complejo ejercicio, máxime si se compara con lo simple que resulta sacar cédula de identidad, declarar impuestos u otros trámites públicos y privados en la era de Internet. El viejo libro electoral escrito a mano resulta la broma final de un país que se aventura al bicentenario
Estos argumentos insisten en una premisa errónea, que a los jóvenes no nos interesa lo que pasa. Lo cierto es que no sólo nos interesa, sino que permitiéndonos votar nos encantaría poder elegir o cambiar a los que están. Más que exegetas del silencio necesitamos más artífices de la participación sin miedo de abrir las ventanas de la política facilitando la inscripción.
Los jóvenes simplemente solicitamos que se elimine una barrera de entrada para poder manifestar nuestra voluntad, ese es nuestro reclamo libertario. En este punto el ejercicio retórico de mezclar la discusión con la obligatoriedad del voto, no sólo es artificial sino tramposa, su necesidad es accesoria. Es tan difícil para algunos entender que el primer paso para ejercer nuestra libertad es la oportunidad de disfrutarla. En democracia nuestra oportunidad de ser libres consiste en el derecho de elegir y de ser elegidos, sin que nadie nos obligue antes a estar inscritos. Es lo mínimo que un Estado Constitucional debería garantizar.



Sebastián Iglesias R
Abogado
Movimiento por la inscripción automática.

Carta a El Mercurio Jueves 13 de Noviembre

Señor Director:

En Chile, acabamos de realizar una elección municipal. En ella 7 de 10 jóvenes, en edad de sufragar, no participaron y 5 millones de personas no manifestaron su voluntad a través del voto. En el plebiscito de 1989 votaron 7.435.913 personas de un total de 12 millones de habitantes, en las elecciones de octubre sólo 6.224.344 y estaban inscritos apenas 8.110.265, en un país que tiene 17 millones de habitantes. En 1989 el 36% del padrón tenía menos de 30 años, en el 2008 sólo el 8%. En el 2008 hay 2,7 millones menores de 30 años en edad de votar, pero se encuentran inscritas 700 mil personas.
Un cuarto de la población no opto por el que creía el mejor gobierno para su comuna. Sencillamente el sistema electoral los olvido. Muchos de ellos ni siquiera tenían el derecho a elegir, pues no estaban inscritos en un registro electoral. Probablemente no supieron que el plazo para inscribirse vencía tres meses antes de la elección. Menos si las campañas y su posibilidad de conocer a los candidatos nacería dos meses después y ya era tarde para inscribirse.

La inscripción en los registros electorales es engorrosa y arcaica; y lleva al paroxismo la disociación entre los candidatos y los potenciales nuevos electores. Cada día menos jóvenes se inscriben y para la política son menos interesantes los que están fuera de los padrones electorales.
Después del resultado de Octubre los análisis han sido absolutamente autorreferentes, desde una clase política que se niega a la renovación. Muy pocos han visto la triste verdad: en está elección no existieron ganadores. El año 2008 voto menos gente: los partidos bajaron su representatividad, una menor proporción de personas los elige.
La única alternativa es que exista inscripción automática. Permitir que todos puedan ser actores del sistema es empezar a recuperar la credibilidad de la política y optar por un país moderno e incluyente.
Nuestra esperanza es que algunos visionarios abran luego las ventanas electorales para el Chile del futuro. En ellos depositamos nuestra esperanza.
Sebastián Iglesias
Abogado
Movimiento por la Inscripción Automática