Señor Director
En carta respuesta del señor Andrés Tagle, intenta refutar mis argumentos respecto de la inscripción automática para el funcionamiento de una sana democracia. Al igual que en el documento de su autoría “¡alguien está equivocado!” que fue rechazado hasta por su alianza, insiste en que el silencio de la no inscripción lleva implícita una manifestación de la voluntad.
Difiero en el fondo y en la forma. En los menores de 30 años las tasas de no inscripción son superiores al 90% y por otra parte, de los más de 2,5 millones de personas menores de 30 años que votaron en 1989, hoy sólo son 700 mil. De esto se colige algo obvio: votan menos jóvenes que antes. El argumento más débil del señor Tagle descansa en la facilidad de la inscripción. La dificultad de conocer lugares, horas y fechas son un complejo ejercicio, máxime si se compara con lo simple que resulta sacar cédula de identidad, declarar impuestos u otros trámites públicos y privados en la era de Internet. El viejo libro electoral escrito a mano resulta la broma final de un país que se aventura al bicentenario
Estos argumentos insisten en una premisa errónea, que a los jóvenes no nos interesa lo que pasa. Lo cierto es que no sólo nos interesa, sino que permitiéndonos votar nos encantaría poder elegir o cambiar a los que están. Más que exegetas del silencio necesitamos más artífices de la participación sin miedo de abrir las ventanas de la política facilitando la inscripción.
Los jóvenes simplemente solicitamos que se elimine una barrera de entrada para poder manifestar nuestra voluntad, ese es nuestro reclamo libertario. En este punto el ejercicio retórico de mezclar la discusión con la obligatoriedad del voto, no sólo es artificial sino tramposa, su necesidad es accesoria. Es tan difícil para algunos entender que el primer paso para ejercer nuestra libertad es la oportunidad de disfrutarla. En democracia nuestra oportunidad de ser libres consiste en el derecho de elegir y de ser elegidos, sin que nadie nos obligue antes a estar inscritos. Es lo mínimo que un Estado Constitucional debería garantizar.
Sebastián Iglesias R
Abogado
Movimiento por la inscripción automática.
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1 comentario:
Hoy los candidatos son los mismos oues los votantes son los mismos.
¿Por qué ellos tendrían que regalar sus cuotas de poder a la nueva generación?
Si los jóvenes quieren cambios reales deben, al igual como lo hicimos en los Registros bde la Dictadura e 1988, Inscribirse en el Registro electoral, elegir parlamentarios afines a los cambios y desde allí realizarlos.
Insisto, es demasiado humillante mendigar "cuotitas" de poder cuando la solución está en las manos de todos.
¡Jóven Levántate!
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